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¿Qué hiciste hoy para conciencitizar sobre la defensa de la vida?

Hola, te invito a que pienses que puedes hacer, desde tu lugar, para ayudar a la defensa de la vida. Por ejemplo puedes proponer reunion...

►Monseñor Escrivá de Balaguer



Monseñor Escrivá De Balaguer

Excelente modelo para cualquier educador 


Por: Francisco Ponz | Fuente: interrogantes 
Via: Catholic.net



Al considerar la significación del Fundador de nuestra Universidad en el ámbito educativo, lo primero que viene a la mente no es tanto lo que ha podido decir sobre esos temas, sino el ejemplo de su propia vida personal, convertida por entero en una grandiosa, multiforme y constante actividad educadora; lo que aparece quizá con más relieve es el hecho de que ha sido un educador excepcional, que ha consumido toda su vida en una tarea apasionada de dar sin cesar doctrina con su ejemplo y con su palabra.

Formación Universitaria

Monseñor Escrivá de Balaguer se había preparado en la Universidad y siempre se ha sentido universitario. Después de cursar el Bachillerato, había hecho en Zaragoza los estudios de Derecho en la Universidad y los eclesiásticos que le preparaban para el sacerdocio. Sin salir de Zaragoza, ejerció como profesor de Derecho Romano y más tarde hizo lo propio en Madrid, a donde se trasladó para realizar el Doctorado civil. A1 establecerse más tarde la Escuela Oficial de Periodismo, prestó también a ella su colaboración docente. Siempre se sintió sacerdote de Jesucristo, pero también un genuino universitario, que alcanzó el Doctorado de Derecho en Madrid, luego el de Teología en Roma, más adelante el Doctorado honoris causa en Historia por su entrañablemente querida Universidad de Zaragoza. Su amor a la Universidad y su condicíón universitaria quedan también de manifiesto en su función como Gran Canciller en esta Universidad de Navarra y en la Universidad de Piura (Perú).

Quien tantas veces ha clamado por la obligación de adquirir una sólida formación doctrinal, científica y profesional y de continuarla durante toda la vida, nos ha dado un ejemplo espléndido al dedicar, a pesar de sus múltiples ocupaciones, algún tiempo diario al estudio, al repaso de los diferentes tratados teológicos, a la lectura frecuente de los clásicos castellanos para mantener la riqueza del lenguaje y poder exponer las verdades de la forma más bella, asequible y penetrante.

Cincuenta Años De Labor Sacerdotal

Su acción educadora se desarrolla plenamente en su actividad pastoral como sacerdote. El actual Presidente General del Opus Dei, Don Álvaro del Portillo, que hoy nos honra con su presencia, decía en 1973 al presentar una recopilación de homilías pronunciadas por Monseñor Escrivá de Balaguer bajo el título Es Cristo que pasa: «El Fundador del Opus Dei recibió el Santo Sacramento del Orden el 28 de marzo de 1925. En este casi medio siglo, ex hominibus assumptus, pro hominibus constitultur (Hebr., V, 1), escogido entre los hombres, elegido por Dios para beneficio de las almas, ha hecho que la vida cristiana sea realidad diaria, entrañable, en la inteligencia y en el corazón de un número ya incalculable de personas. La fecundidad del sacerdocio cristiano, que sólo se explica por razones sobrenaturales, se ha vertido en una predicación incansable. Con razón ha escrito que la gran pasión de los sacerdotes del Opus Dei es la predicación. Desde 1925, Monseñor Escrivá de Balaguer realiza una intensa labor pastoral: primero -por poco tiempo- en parroquias rurales; más tarde, en Madrid, especialmente en los barrios pobres y en los hospitales; durante los años treinta, en toda España; desde 1946, cuando fija su residencia en Roma, con personas de todo el mundo. Hablar de Dios, acercar los hombres al Señor: así lo he visto desde que lo conocí, en 1934. Catequesis, días y cursos de retiro espiritual, dirección de almas, cartas breves e incisivas, que llevaban en los trazos - rápidos y definidos- la paz a muchas conciencias. En los primeros meses de 1936 llegó a enfermar; los médicos diagnosticaron sólo cansancio. Predicaba, a veces, hasta diez horas diarias» (16).

Toda esta inmensa y continuada actividad sacerdotal, llena de enseñanzas hechas vida y palabra, está muy directamente relacionada con el mensaje que Dios quiso difundir en el mundo por mediación de Monseñor Escrivá de Balaguer, a partir de la fundación del Opus Dei el 2 de octubre de 1928. Vivir con la mayor fidelidad el espíritu del Opus Dei, encarnarlo personalmente, darlo a conocer a los demás, dejarlo esculpido en las inteligencias y en los corazones de sus hijas e hijos, ha sido la gran tarea educadora de su vida, que se dilataba y derramaba por todas partes para llevar a todas las almas el anuncio gozoso de esa buena nueva, de la llamada universal a la santidad, cualquiera que sea la situación y actividad que cada uno desarrolla en el mundo.

Modalidades De Su Actividad Educativa

Su labor de formación, su acción educativa con sus hijos y con toda clase de personas, utilizaba los medios más variados de comunicación oral: la conversación personal, con el consejo, la advertencia, la indicación precisa o la corrección; la charla de dirección espiritual; el trato abierto y sencillo en las circunstancias propias de la vida de familia, o durante algún paseo o a lo largo de un viaje; las reuniones más directamente formativas sobre temas ascéticos, doctrinales o apostólicos; las diversas formas de predicación, meditaciones, pláticas, homilías, retiros v cursos de retiro de varios días. Ejercía asimismo lo que llamaba con gracia el apostolado del almuerzo: ...es la rieja hospitaliditd de los Patriarcas, con el calor fraternal de Betania. - -Cuando se ejercita, parece que se entrevé a Jesús, que preside, como en casa de Lázaro (17). O aprovechaba las numerosas ocasiones en que atendía a las muy diversas personas que deseaban visitarle, en Roma o en cualquier otro lugar en que se encontrara.

Un medio abundantemente utilizado por el Fundador del Opus Dei para llegar a las almas era el de las tertulias: reuniones de carácter familiar, informales, en las que abría su cerrazón, se hacía todo para todos, en un ambiente lleno de confianza y de cariño, con muy buen humor, siempre animoso y cordial. A medida que la labor apostólica fue creciendo, aumentó también el número de personas que deseaban estar algún rato con él, y, con ocasión de sus viajes, las tertulias alcazaban muchas veces carácter multitudinario.

Este contacto directo con grupos muy numerosos de personas o aun multitudes, tuvo lugar más especialmente durante los diez o quince últimos años. Todos recordamos, por ejemplo, aquí mismo en Pamplona, las reuniones en el abarrotado salón de actos del Colegio Mayor Belagua, en el Teatro Gayarre y en la explanada del Edificio de Bibliotecas. También las homilías que pronunció en 1960 y en 1964 en la Catedral, y en 1967 en el propio Campus. Pero lo mismo ocurría en otras ciudades españolas o en Roma y en otros lugares del mundo. «...en 1970, en México, estuvo con unas cuarenta mil personas de ese país, de los Estados Unidos y de otras muchas naciones americanas... En un viaje, en 1972, por España y Portugal, iniciado en Francia, pudieron oírle, en grupos pequeños o grandes, más de ciento cincuenta mil personas...» (18). En Roma, llevaba ya una porción de años en que recibía también a muchos miles. En 1974, en un largo recorrido por distintos países de América del Sur, y en febrero de 1975 por Centroamérica, pudieron asimismo escucharle millares y millares de personas de toda clase y condición. En todas estas grandes catequesis --y siempre-, se entregaba con infatigable generosidad a las almas y se multiplicaba asombrosamente para llegar a todos.

Además de su prodigiosa dedicación a la enseñanza oral, con los más diversos medios, Monseñor Escrivá de Balaguer ha vertido también su espíritu en un gran número de escritos, en- su mayor parte todavía inéditos. En 1973, se refería D. lvaro del Portillo a esta enseñanza escrita: «Autor de libros de espiritualidad difundidos en todo el mundo --como Camino y Santo Rosario- y de finos estudios jurídicos y teológicos -como La Abadesa de las Huelgas -, ha escrito sobre todo numerosas y extensas Cartas, Instrucei, ynes, Glosas, cte., dirigidas a los socios del Opus Dei, tratando exclusivamente de temas espirituales. Reacio a cualquier forma de propaganda, ha accedido sólo rara vez a las numerosas y constantes peticiones de entrevistas por parte de la prensa, radio y televisión de muchos países. Con las pocas entrevistas que han sido la excepción se publicó el libro Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, traducido también a las principales lenguas. De toda la gran catequesis que es su predicación en casi cincuenta años de sacerdocio -seguía escribiendo D. Alvaro del Portillo- existe un abundante material inédito» (19).

Una pequeña parte de ese material, algunas de las homilías pronunciadas con ocasión de fiestas litúrgicas, se publicaron reunidas como antes indiqué en Es Cristo que pasa. Otras homilías han aparecido en folletos, revistas, cte.
Muchas enseñanzas eran asimismo transmitidas con los escritos ordinarios del gobierno de la Obra, en anotaciones o documentos muy diversos, siempre dirigidos a mejorar la vida espiritual de sus hijos.

Además, gran parte de la extensa enseñanza oral de Monseñor Escrivá de Balaguer, especialmente en los últimos años, ha sido grabada o incluso filmada, lo que hace poslble su transcripción.

Se dispone así de una cuantiosa información de la enseñanza cjral y escrita del Fundador del Opus Dei, que constituye una fuente, verdaderamente impresionante y del mayor interés, tanto para comprender el mensaje de salvación que el Señor quiso comunicar al mundo por su mediación, como para conocer su personal pedagogía.

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Fallece en Roma el 26 de junio de 1975. Varios miles de personas, entre ellas numerosos obispos de distintos países —en conjunto, un tercio del episcopado mundial—, solicitan a la Santa Sede la apertura de su causa de canonización.

Beatificación y Canonización

El 17 de mayo de 1992, Juan Pablo II beatifica a Josemaría Escrivá de Balaguer en la plaza de San Pedro, en Roma, ante 300.000 personas. «Con sobrenatural intuición», dijo el Papa en su homilía, «el beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado».

Diez años más tarde, el 6 de octubre de 2002, Juan Pablo II canoniza al fundador del Opus Dei en la plaza de San Pedro ante una multitud de más de 80 países. El Santo Padre, en su discurso a los participantes en la canonización, dijo que "san Josemaría fue elegido por el Señor para anunciar la llamada universal a la santidad y para indicar que la vida de todos los días, las actividades comunes, son camino de santificación. Se podría decir que fue el santo de lo ordinario".


Algunos escritos de San Josemaría Escrivá sobre la formación y la educación 

Rasgos Principales De la Pedagogía de Monseñor Escrivá De Balaguer
Una pedagogía profundamente evangelica.


Por: Francisco Ponz | Fuente: interrogantes 


Una visión somera del conjunto de su labor educativa personal permite señalar la constancia de un buen número de rasgos y características:

Carácter vital

En ningún momento nuestro Gran Canciller se propuso escribir a modo de tratados científicos o libros de texto en los que se desarrollase una determinada materia en forma sistematizada. Sus escritos tienen siempre un tono muy vitalmente espiritual, rezuman viva y profunda ciencia teológica, van a la inteligencia y al corazón; el amor a Dios y a las almas palpita en cada frase; una misma idea puede reiterarse desde distintas perspectivas.

Sus enseñanzas no adoptan la forma de la especulación abstracta, sino que se insertan plenamente en la vida. Como comentaba D. Álvaro del Portillo respecto de las Homilías, «En ningún momento se colocan en un terreno desencarnado, abstracto; hay siempre teoría, pero en continuo ensamblaje con la vida» (20).

Sencillez

Su lenguaje, en su predicación o en sus escritos, es «...directo, sencillo, de una amenidad inconfundible. Se nota siempre una delicada atención a la corrección gramatical y literaria, pero el autor no supedita el contenido a la forma. La fuerza y el nervio de lo que se dice dan lugar a un estilo sereno y claro, sin recurrir a efectos fácilmente emotivos. Tampoco intenta deslumbrar; quiere sólo ser el vehículo imprescindible, para que cada alma se coloque cara a Dios y saque consecuencias y propósitos concretos para su vida diaria» (21).

Relación personal

Aunque se dirigiese a grupos de personas, a veces numerosos, como era frecuente, sus consejos, sus consideraciones, tenían un carácter íntimo y personal. Al escucharle, se establecía una relación muy inmediata: no hablaba para un conjunto, mucho menos para una masa despersonalizada, sino para cada uno de los oyentes. Su palabra no quedaba en tierra de nadie o como flotando en el aire. sino que penetraba muy derechamente en el corazón. Y esto mismo sucedía aun cuando le escuchasen multitudes: en los muchos millares de personas que han participado en esas grandes tertulias queda la huella de una conversación personal. Eran reuniones que conservaban asombrosamente el carácter familiar, personal, íntimo, vivo. El Fundador del Opus Dei jamás pronunciaba en ellas algo parecido a un discurso o conferencia; ni tampoco una charla prolongada; solía iniciarlas con unas breves palabras de saludo y afecto, abriendo su corazón con algún comentario de su propia experiencia, como una confidencia personal; el ambiente adquiría inmediatamente confianza e intimidad y, en seguida, invitaba a todos a que le preguntaran cuanto quisieran. Y cada pregunta iniciaba un breve diálogo, una conversación espontánea, sencilla, familiar, como si sólo estuvieran presentes quien preguntaba y quien respondía. Las preguntas y respuestas se sucedían en un diálogo natural, siempre llenas de interés, sobre temas reales, tremendamente vivos, con consejos prácticos, claros, sencillos, luminosos. Había cuestiones hondamente emotivas, que provocaban silencios conmovedores; en otros momentos, estallaban las risas u otras manifestaciones de alegría.

Su catequesis

Este sucederse de tertulias más o menos numerosas por diversos lugares del mundo fue designado por Monseñor Escrivá de Balaguer con relativa frecuencia con el nombre de catequesis.

Son muy ilustrativas las palabras con que se refirió una vez, en 197?, a este tipo de actividad pastoral, el propio Fundador del Opus Dei: Los Hechos de los Apóstoles nos dicen que, después de la Resurrección, el Señor reunía a .sus discípulos y se entretenían in multis argumentis. Hablaban de muchas cosas, de todo lo que le preguntaban: tenían una tertulia... El Señor hacía lo que quiere hacer el Opus Dei en todo el mundo: una gran catequesis. Les ponía ejemplos, las parábolas. Sin parábolas no hablaba el Señor, que era un gran catequista.
¿Os acordáis, si habéis ido a una catequesis de niños, qué hacía el párroco o el sacerdote que dirigía la catequesis? ¡Lo que hago yo! Os dejo hablar, os contesto con la luz de Dios, y nos quedamos tan satisfechos... Nosotros somos hijos de Dios, nos queremos y tratamos de ayudarnos a servir al Señor y a ser felices, en la tierra también. Ésta es una gran catequesis con preguntas y respuestas...

Claridad y fortaleza

Su hablar era claro, sin ambigüedades, sin circunloquios. No dejaba lugar para la confusión. Muchas veces enérgico, lleno de firmeza en defensa de la doctrina cierta; y en otras ocasiones, con una ternura inefable, con infinita comprensión.

Al proclamar la verdad -y las consecuencias que de ella se derivan- lo hacía sin ningún género de vacilación ni miramiento, con gran fortaleza. Nadie podría acusarle de que se dejara llevar de los respetos humanos. En más de una ocasión atribuyó este modo de hablar suyo a su origen aragonés. Al propio tiempo, mostraba siempre un enorme respeto a la libertad de cada uno, defendía en todo momento la libertad de las conciencias, repudiaba cualquier género de violencia. Para acercar a una persona a la fe, su consejo era no violentarla; rezar y ofrecer sacrificios por ella, portarse con respeto, con lealtad; luego, poco a poco, mostrar el camino; y así hasta que el Señor quiera darle la fe.

Imágenes y anécdotas

En toda su predicación, Monseñor Escriva de Balaguer utilizaba con abundancia las imágenes, las anécdotas y, muy especialmente, los hechos de la vida del Señor y de los Apóstoles. El evangelio «...no es nunca un texto para la erudición, ni un lugar común para la cita. Cada versículo ha sido meditado muchas veces y, en esa contemplación, se han descubierto luces nuevas, aspectos que durante siglos habían permanecido velados. La familiaridad con Nuestro Señor, con su Madre, Santa María, con San José, ... es algo vivo, consecuencia y resultado de un ininterrumpido conversar, de ese meterse en las escenas del Santo Evangelio para ser un personaje más» (22).

Gustaba mucho de ilustrar las ideas con riqueza de imágenes, lo que ayudaba a que se quedasen más firmemente grabadas. Imágenes siempre asequibles, muy expresivas, bellas, tomadas de la vida misma, de la naturaleza, de las costumbres campesinas o urbanas. También surgían de esa vida corriente las anécdotas, de las que obtenía muchas enseñanzas prácticas. A veces -comentaba alguna vez- vale más una buena anécdota que cien discursos.

Fundada en la experiencia

La fuerza, la penetración y el atractivo de las enseñanzas de Monseñor Escrivá de Balaguer, se deben en buena parte a que guardan una relación muy inmediata y directa con la vida; brotan, al igual que las anécdotas, de una experiencia muy real, muy vivida, tanto de su vida interior personal, como de su muy extensa labor sacerdotal con tantas almas, o de las mil incidencias del quehacer cotidiano. Para recoger esa riquísima experiencia, solía hacer anotaciones breves, que le permitieran recordar más tarde aquellas observaciones o sugerencias provocadas por determinados hechos o situaciones.

Don de lenguas

Otra característica del modo de enseñar de Monseñor Escrivá de Balaguer es que se hacía entender por todo el mundo. Hablaba o escribía siempre para toda clase de personas, de muy diferente preparación cultural, procedentes de los más diversos ambientes sociales, y a todos resultaba asequible.
Muchas veces ha pedido a Dios para todos sus hijos lo que gustaba llamar don de lenguas: esa capacidad para acomodarse a la mentalidad de los oyentes, de modo que la doctrina se haga para cada uno comprensible, conforme a sus circunstancias personales. Y no hay duda de que el Señor había concedido en alto grado al Fundador del Opus Dei ese don de lenguas.

Paciencia, reiteración

No le importaba reiterar las mismas cosas una y otra vez. Al contrario, lo hacía ex profeso, con gran frecuencia. Insistir sin miedo: -escribía Monseñor Escrivá de Balaguer en 1940 tengo la experiencia de que hay que repetir las cosas. Hay cosas muy claras, muy claras, que la gente no entiende porque algunas veces nosotros tenemos malas explicaderas; pero en otras ocasiones, son ellos los que tienen malas entendederas, y se da el caso de que coincidan las dos cosas: malas explicaderas y malas entendederas. De este insistir en las mismas cosas, de distintas maneras -y, muchas veces, aun con las mismas palabras- nos dio el Fundador de la Universidad muy elocuente ejemplo. Solía decir que ese sistema de enseñar era la pedagogía del anuncio.

La reiteración era muestra, además, de su gran paciencia como educador. Sabía bien que la formación es un proceso que requiere tiempo, que no se puede precipitar; y, aún más, cuando se trata de formación espiritual. Las almas, como el buen vino -solía repetir muchas vecesse mejoran con el tiempo. Su paciencia se manifestaba también en corregir una misma cosa cuantas veces fuese necesario, siempre con afán formativo y con entrañable comprensión.

Tono positivo

En todas las circunstancias, su enseñanza tenía un tono positivo, alentador, reconfortante. Hablaba poco de los vicios, porque prefería ensalzar las virtudes, hacerlas amables, atractivas. Movía a la confianza, a la alegría, a luchar con espíritu deportivo. Su visión de las cosas estaba llena de esperanza y optimismo, con fundamento en la fe. No seas pesimista. -¿No sabes que todo cuanto sucede o puede suceder es para bien? -Tu optimismo será necesaria consecuencia de tu fe (23). La razón del optimismo es saberse hijo de Dios y estar entregado a su voluntad: Cuando te «entregues» a Dios no habrá dificultad que pueda remover tu optimismo (24). EL omnia in bonum era un lema constante en su vida, en su predicación, en el trato con toda clase de personas.

Entraña Evangélica De Su Pedagogía

Muchas veces he tenido la suerte de ser testigo directo de las enseñanzas del Fundador del Opus Dei. Y he podido apreciar al igual que tantos otros- la fuerza penetrante de sus palabras, que arraigaban hondamente en el alma. Su corazón era un volcán de amor a Dios y a todos los hombres, que se transparentaba en sus ojos, en el gesto, en la palabra. 5u presencia inundaba de paz, serenidad y ternura; y hacía brotar grandes anhelos de mejora personal. Captaba con aguda intuición las necesidades y estado de ánimo de quienes le rodeaban y preguntaban, y sus respuestas eran sencillas, profundas, muy esclarecedoras. No se ter, 3a sensación de que pasara el tiempo, siempre se hacía corío. Su mirada expresaba oración y cariño, e invitaba a ia generosidad. Estar con Monseñor Escrivá de Balaguer era estar con un hombre de Dios, que hacía resonar en el alma aquel grito del Señor que él tanto repetía:

He venido a poner fuego a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda? (Luc., 12, 49).
No necesito muchas palabras -escribió nuestro Fundador en 1945- para evocaros el detalle con que Jesús desmenuzaba a los Doce el sentido más profundo de sus parábolas..., el cuidado con que rectificaba la reacción demasiado humana con que acogían las primicias de la siembra apostólica..., la constancia con que repetía las mismas enseñanzas..., la fortaleza con que corregía sus ambiciones y su visión chata del Reino de Dios..., la delicadeza con que para animarlessolicitaba su pequeña colaboración a la hora de realizar los grandes milagros..., o la ternura con que se preocupaba de su descanso... Y bastantes años antes, ya en 1933, hacía ver cómo Jesús... para todos tiene una palabra...; y les enseña, les adoctrina, les lleva nuevas de alegría y de esperanza... Unas veces les habla desde la barca, mientras están sentados en la orilla; otras en el monte, para que toda la muchedumbre oiga bien; otras veces, entre el ruido de un banquete, en la quietud del hogar, caminando entre los sembrados, sentados bajo los olivos. Se dirige a cada uno, según lo que cada uno puede entender: y pone ejemplos de redes y de peces, para la gente marinera; de semillas y de viñas, para los que trabajan la tierra; al ama de casa, le hablará de la dracma perdida; a la samaritana, tomando ocasión del agua que la mujer va a buscar al pozo de Jacob. Jesús acoge a todos, acepta las invitaciones que le hacen y -cuando no le invitan-- a veces es El quien se convida: ... Zaqueo, baja deprisa, porque conviene que hoy me hospede en tu casa.

Al releer estas palabras de Monseñor Escrivá de Balaguer, se aprecia hasta qué punto su propio modo de enseñar es parecido al empleado por Jesucristo, ofrece inconfundibles resonancias evangélicas. No puede dudarse de que por su habitual contemplación había hecho de la vida del Señor su propia vida.

S. Josemaría Escrivá y la educación

El sabor tradicional de las orientaciones educativas se proyectan como el pensamiento cristiano mismo en el futuro de la humanidad.


Por: Por Víctor García Hoz | Fuente: http://www.capellania.udep.edu.pe/boletin/capinf308.html 




Lo propio de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, ha sido siempre hablar de Dios, ser sacerdote ciento por ciento. Pero es tal la riqueza de sus enseñanzas que encierran enormes posibilidades para orientar una honda pedagogía. Sin embargo, no se descubrirá el valor educativo de su constante catequesis a menos que lo sepamos ver como manifestación del concepto que tiene del hombre.

Unidad de vida

Creo que sin exageración ninguna podemos hablar, en el sentido más estricto, de una antropología peculiar suya. Una antropología, cristiana por supuesto, que se expresa en una enseñanza muy querida de él: unidad de vida. Porque, en efecto, motivo constante de su catequesis era despertar en todos los cristianos la idea clara de que la vida humana con todas sus manifestaciones diversas grandes y pequeñas, tiene una radical unidad. Y a la búsqueda y la realización de esa unidad estimulaba constantemente a quienes tenían la fortuna de beneficiarse de su magisterio.

El concepto de unidad de vida tiene inmediatamente dos consecuencias claras y de importancia fundamental en la existencia humana. En primer lugar, que todos los actos, aún los que parecen intrascendentes, deben ser utilizados como un medio de acercarnos a Dios. En este pensamiento alcanza su peculiar relieve la idea tan repetida y comentada por Monseñor Escrivá de Balaguer de la importancia que en nuestra vida y en nuestra lucha cristiana tienen las cosas pequeñas. En la misma idea de unidad de vida hinca sus raíces la consideración de que cualquier situación humana, cualquier trabajo, cualquier dedicación profesional es igualmente valioso como elemento de perfección humana; idea y realidad que a su vez viene a apoyar el carácter universal de la llamada divina a la santidad, objeto del mensaje evangélico para el que Mons. Escrivá de Balaguer fue elegido por Dios como fiel portavoz.

La unidad de vida incide directamente en la existencia humana, pero se extiende a toda la realidad. El mundo no se halla escindido en dos zonas irreconciliables, la materia y el espíritu. Y el hombre no es un ser que vive aislado; tiene que habérselas con el mundo de cosas y personas que le circundan y entre las que él mismo se halla situado También la idea de unidad —fuente de armonía y belleza— llega a todos los elementos de la realidad. A Dios lo encontramos en las cosas más visibles y materiales, dice el Fundador del Opus Dei en la homilía pronunciada en el Campus de la Universidad de Navarra el 8-X-1967.

En la misma homilía utiliza una expresión, recia y sorprendente, que muestra el vigor y la valentía de su pensamiento. Hablando de las realidades terrenas como elemento indispensable con las que se debe contar en la vida de cada uno, resumió su pensamiento en las siguientes palabras: Por eso puedo deciros que necesita nuestra época devolver —a la materia y a las situaciones que parecen más vulgares— su noble y original sentido, espiritualizarlas (...). Es lícito, por tanto, hablar de un materialismo cristiano, que se opone audazmente a los materialismo cerrados al espíritu.

Este concepto de materialismo cristiano lleva embebida toda una idea de educación fundada en el trabajo, reordenación y uso de cosas, como medio santificador de la realidad en el que va encapsulada la exigencia de atención a las cosas materiales pequeñas y la aspiración a la obra bien hecha, acabada, que pueda ser decorosamente ofrecida a Dios y a nuestros hermanos los hombres.

¿Y cuál es el fundamento de la unidad de vida? Brevemente: el amor de Dios. La doctrina de Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer se sitúa así en la mejor tradición teológica que ve en la creación del mundo y del hombre una manifestación del amor de Dios. Pero el amor de Dios con referencia al hombre se manifiesta de un modo singular. En primer término, haciéndole no sólo a imagen y semejanza suya —las cosas son sólo vestigio de Dios— sino elevándole a la categoría de hijo de Dios. La filiación divina, es decir el hecho de que nosotros, por el bautismo, seamos hijos suyos, es una manifestación del amor de Dios, es un estímulo al amor a Dios y constituye el fundamento de la peculiar dignidad de la vida humana. No se agota el amor de Dios en el hecho de haber «producido» al hombre, fundamentando así una unidad radical de origen en la existencia humana. Acontece que el amor de Dios es a su vez la finalidad universal de todos nuestros actos. Es lo que da sentido a todos los actos humanos. Por esta razón se puede considerar el amor de Dios también como punto de convergencia, es decir, como nuevo elemento de unidad.

Mas, así como hemos hablado de la filiación divina en tanto que fundamento ontológico de la unidad de la existencia, conviene que nos hagamos cargo de que lo peculiar del hombre es llegar a tener conciencia de la realidad que le rodea y, por supuesto, de la realidad que es él mismo. Y esta conciencia sólo se alcanza con el conocimiento profundo de nuestra fe. Porque la vida de fe no es otra cosa sino la capacidad de hacernos cargo aquí que esa idea maravillosa de la filiación divina y del amor operante de Dios es una realidad, aunque su comprensión esté más allá de la evidencia científica.

La fe es un conocimiento que sobrepasa al de la razón. Mas, paradójicamente, tiene un carácter razonable porque nada hay más razonable que aceptar la propia limitación y creer en Dios y creer a Dios. En la fe se unifica el conocimiento de toda realidad. Y su fundamento, como el de toda la vida cristiana, se encuentra en «Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre».

Oración, amistad, trabajo

Pero la vida humana no es solamente una cosa que se nos da, que se nos ofrece, sino que es el resultado del don de Dios y de nuestra propia actividad. La vida no sólo hemos de recibirla sino que hemos de realizarla. Y en la realización de la vida se encuentran también los factores necesarios y suficientes para construir una antropología completa según la mente de Mons. Escrivá de Balaguer en la que no solo tenga cabida lo que la vida del hombre es, sino también lo que hace. No simplemente una concepción estática de la persona humana sino una concepción dinámica. También en el problema de la realización de la vida encontramos operante el concepto de unidad de vida a que antes se hizo referencia.

Pienso que en la catequesis de Monseñor Escrivá de Balaguer se puede distinguir como tres estratos en la actividad humana. Tres estratos que hacen referencia a la relación que el hombre puede establecer con la realidad que tiene en torno ya que, en definitiva, toda actividad humana supone una relación. En primer lugar podríamos hablar del estrato más profundo, el que es como centro y motor de toda la actividad del hombre. Es la relación del hombre con Dios, y la manifestación más profunda y más patente de la relación del hombre con Dios la encuentra Mons. Escrivá de Balaguer en la oración. La oración es trato amistoso con Dios. Fácilmente se comprende que en una antropología cristiana la oración se presente como una actividad fundamental que asegura la unidad de la vida porque precisamente la oración es unión con Dios. Y en la medida en que también a través de los sacramentos el hombre se une con Dios, la vida de oración se ve reforzada por la vida sacramental, especialmente por el sacramento en el que recibimos a Dios mismo. Pan y palabra, Hostia y oración.

La vida humana encuentra en la unión con Dios la cima de toda su actividad y la fuente de su energía se proyecta, por designio divino, también en otros seres que tienen su misma condición de personas, su misma condición de hijos de Dios, con los cuales necesariamente ha de comunicarse. La forma de relación a través de la cual el hombre se vincula con los otros, con sus semejantes (si tenemos el recuerdo de la filiación divina podremos con toda razón con sus hermanos) se puede considerar condensada en la amistad, en el cariño humano, reflejo del amor de Dios y en la lealtad, reflejo de la Verdad. Dejando para más adelante hablar de la lealtad, digamos que la amistad cristiana es unión de dos almas en la que los elementos humanos se ven engrandecidos por el factor divino puesto que la amistad es unión de dos en Dios y ha de entenderse como medio de refuerzo mutuo en el camino del acercamiento a Dios. Sólo así la amistad se puede entender como elemento unificador de la existencia humana, como un factor de la unidad de vida.

Todavía se puede considerar la existencia de materiales, de puros objetos que rodean al hombre los cuales tienen también que relacionarse. Con las cosas la persona humana establece una relación de dominio ya que el hombre está hecho para dominar al mundo a través del conocimiento y a través de la acción. La relación del hombre con las cosas tiene también un nombre muy querido por Mons. Escrivá de Balaguer; se llama trabajo. El trabajo no es simplemente manipulación productiva que, además de ser esto, es también factor de perfección humana, factor de solidaridad, factor de unión con Dios. Como en la amistad, a través del trabajo cristianamente hecho, el hombre puede, debe, unirse más estrechamente con Dios. El trabajo es medio de perfección sobrenatural. Oración, amistad y trabajo constituyen formas de actividad que en cierto modo podemos considerar agotan la existencia humana. En el pensamiento de Mons. Escrivá de Balaguer son entendidas igualmente como factor de unidad de vida. Hay que apartarse de la tentación de llevar como una doble vida: la vida interior, la vida de relación con Dios, de una parte; y de otra, distinta y separada, la vida familiar, profesional y social... No podemos ser como esquizofrénicos, si queremos ser cristianos: que hay una única vida, hecha de carne y espíritu, y esa es la que tiene que ser en el alma y en el cuerpo, santa y llena de Dios.

Libertad y alegría

Pero aún habríamos de hablar de un condicionamiento previo para que toda la actividad del hombre sea verdadera, específicamente humana: la libertad.

Ha de quedar claro que cuando Mons. Escrivá de Balaguer habla de la libertad se refiere primordialmente a la que Cristo nos ganó; no se refiere a las cuestiones de carácter temporal que Dios ha dejado a la libre discusión de los hombres.

Pero quizá conviniera hacer aquí una aclaración. En su constante catequesis de defensa de la libertad personal, el cristiano debe defender antes que nada la libertad ajena, para poder después defender la propia, parece que está operando constantemente otra característica de la vida humana, el riesgo, que se manifiesta sobre todo en la posibilidad de hacer mal uso de la libertad. Por eso parece interesante señalar que cuando habla de libertad no habla de libertad simplemente sino que le une un adjetivo que la sitúa en sus límites propios: habla de libertad responsable.

Aún debe añadirse un nuevo condicionamiento: la alegría. Vale la pena señalar la originalidad de este concepto en la mente de Mons. Escrivá de Balaguer. Tradicionalmente se viene enseñando (y la Psicología moderna no ha rectificado este concepto entre otras razones porque no ha pasado del estudio del placer) que la alegría es resultante del funcionamiento perfecto, sin obstáculos interiores ni exteriores, de nuestros órganos o facultades. Esta sería la alegría de animal sano que no es la verdadera alegría. Porque la auténtica no es la resultante de una actividad sin obstáculos sino la consecuencia de una idea muy clara: la de nuestra filiación divina. Que estén tristes los que no sean hijos de Dios decía con frecuencia Mons. Escrivá de Balaguer en una llamada, también universal, al gozo de sentirse partícipes de la vida divina.

Siendo una resultante de la conciencia de filiación divina, en la alegría influyen la gracia y la voluntad y ella a su vez condiciona los actos humanos dándoles una especial calidad.

También aquí podríamos decir, recogiendo cuanto acabamos de afirmar, que oración, amistad, trabajo, libertad responsable, alegría son otras tantas expresiones de que se hallan esmaltados los textos escritos y la catequesis verbal de Mons. Escrivá de Balaguer.

Los tres tipos de relación que acabo de señalar el condicionante fundamental para hacerlos humanos, no son elementos diversificadores de la existencia humana que conlleven o determinen un rompimiento de la vida de tal suerte que el hombre se sienta atraído, partido o desgarrado, una vez por unas cosas otra por otras, sino que son manifestaciones distintas de un único modo de vivir.

Porque la libertad tiene su primera manifestación en la aceptación por parte del hombre de la realidad de su propio ser, que no es absoluto, sino participado, creado por Dios. Cuando el hombre libre y gozosamente acepta la realidad de ser criatura, más aún, de ser hijo de Dios, la libertad se convierte en el primer principio unificador de la existencia humana con la existencia divina.

El trabajo no es simplemente un quehacer del hombre con las cosas sino una participación del hombre en la obra creadora de Dios, una participación también en la potencia y soberanía divinas puesto que el ser humano está hecho para dominar el mundo. Y el más patente dominio del mundo es el que se realiza justamente a través del trabajo, porque a través del trabajo las cosas se ponen y se modifican al servicio del hombre. Es también el trabajo una vía de unión con Dios. De aquí la enseñanza tantas veces repetida por Monseñor Escrivá de Balaguer, de que en la vida de un cristiano, trabajo y oración se interfieren. Y no podía ser de otro modo porque la oración es unión directa con Dios; el trabajo también es unión con Dios aunque podamos considerarla unión indirecta, a través de los objetos.

Igualmente la amistad, que está fundamentada en la capacidad de comprender a otros, se empieza a manifestar en la actitud de participación en la vida de los demás y tiene su manifestación más alta en la entrega de nuestro propio quehacer y nuestro propio ser al servicio de otros. Esta que acabo de señalar, coronación de la amistad, se dice de otra manera amor. Amistad y amor humano se implican mutuamente. La realización más alta de la amistad es la que se da entre Dios y el hombre, y a su vez la amistad y el amor humano adquieren firmeza y trascendencia cuando se apoyan en el amor divino.

Las coordenadas de la educación

No parecerá una exageración decir que si logramos estimular una educación que, sobre la base de la actividad libre y responsable, se realice en forma de oración, de trabajo y de ayuda al amigo y del amigo, hemos encontrado el camino seguro para el despliegue de todas las posibilidades humanas.

En el campo de la antropología que se acaba de señalar se pueden encuadrar las múltiples alusiones a la educación que a lo largo de toda su vida hizo Mons. Escrivá de Balaguer, constantemente. Sería ingenuo esperar de él, una enseñanza sistemática de la ciencia pedagógica. Sus ideas sobre la educación se sitúan en la unidad de su acción sacerdotal y brotan naturalmente, unas en las conversaciones sosegadas que, bajo la forma de entrevistas, ha realizado, y otras en esas conversaciones vivas, ágiles, movidas, de las que ha sido protagonista.

Muchas veces hemos dicho que la educación es resultado de la convergencia de factores técnicos y factores humanos. No tendría sentido esperar de Mons. Escrivá de Balaguer una enseñanza de los problemas técnicos que plantea la educación. Sus orientaciones apuntan a una realidad más honda, a ese núcleo interior en el que el hombre toma sus decisiones y acepta con gozo las posibilidades y los riesgos de la existencia humana. La libertad era una de sus preocupaciones fundamentales y de algún modo podemos pensar que la educación la entendía como aprendizaje del uso legítimo de la libertad. Ama la libertad de tus hijos y enséñales a administrarla bien. Que sepan que la libertad tiene una gran enfermedad, que consiste en no querer aceptar la correspondiente responsabilidad... la libertad debe ir acompañada de responsabilidad, contestaba a unos padres preocupados por el ambiente familiar y el orden en el hogar.

Y hablando de las necesarias relaciones entre los padres de los alumnos y directivos y profesores del colegio, señala con claridad el que es fin de la educación cristiana: preparar a vuestros hijos para que sean buenos cristianos el día de mañana, amantes de la libertad y de la responsabilidad personal.

He concebido siempre mi labor de pastor de almas (dijo en una de sus homilías), como una tarea encaminada a situar a cada uno frente a las exigencias concretas de su vida, ayudándole a descubrir lo que Dios en concreto le pide sin poner limitación alguna a esa independencia santa, a esa bendita responsabilidad individual que son características de una conciencia cristiana. Ese modo de obrar y ese espíritu se basan en el respeto a la trascendencia de la verdad revelada y en el amor a la libertad de la humana criatura. Podría añadir que se basa también en la certeza de la indeterminación de la historia, abierta a múltiples posibilidades, que Dios no ha querido cerrar.

No sé dónde puede haber palabras humanas más hermosas para entrever en toda su profundidad y su belleza el sentido de la educación como una ayuda para descubrir recorrer el camino de la vida en el que la conciencia de cada uno se halla iluminada y robustecida por la trascendencia de la verdad relevada, y en el que las exigencias de la vida individual han de proyectarse también en la construcción de la historia, que Dios ha querido dejar en una indeterminación dentro de la que caben múltiples opciones en las que el hombre pueda ejercitar realmente su libertad personal y participar en la obra creadora y redentora de Dios.

No me parece que sea menester hablar aquí del lugar que ocupa el trabajo en el pensamiento y en la predicación de Mons. Escrivá de Balaguer. Quedémonos simplemente con la idea, tan importante desde el punto de vista pedagógico, de la unión del estudio y la preparación profesional. En Camino se lee textualmente: El estudio, la formación profesional que sea, es obligación grave entre nosotros.

Hemos de dar lo que recibimos, enseñar lo que aprendimos; al realizar vuestra profesión en la sociedad, debéis convertir vuestra ocupación en una tarea de servicio. El trabajo bien acabado que progresa y hace progresar, que tiene en cuenta los adelantos de la cultura, la técnica, realiza una gran función, útil siempre a la humanidad entera si nos mueve siempre la generosidad, no el egoísmo, el bien de todos, no el provecho propio; si está lleno de sentido cristiano de la vida.

Tal vez el tema de la amistad sea uno de los que con más cariño y penetración psicológica ha tratado Monseñor Escrivá de Balaguer. Y no podía menos de hacerle trascender al campo de la educación. Un día —no quiero generalizar, abre tu corazón al Señor y cuéntale tu historia—, quizá un amigo, un cristiano corriente igual a ti, te descubrió un panorama profundo y nuevo, siendo al mismo tiempo viejo como el Evangelio. La educación es obra de amistad, de amor que acerca los padres a los hijos, los profesores a los alumnos. Es también, no lo olvidemos, obra de amistad entre iguales. No podemos hacer realidad todas las posibilidades educativas de nuestros Centros a menos que contemos con la acción de los estudiantes como educadores de sus compañeros en un clima de amistad.

La preocupación por la formación de cristianos enteros, dispuestos a poner en práctica su fe, es lógico que llevara a Mons. Escrivá de Balaguer a animar a los padres a que promovieran colegios para sus hijos.

Los centros educativos: padres, profesores, alumnos

No voy a entrar aquí, no se podría hacer en una glosa completa todo cuanto la catequesis de Mons. Escrivá de Balaguer dice en relación a la vida de los colegios. Quiero empezar por fijarme en unas palabras que, he de confesarlo sinceramente, me sorprendió cuando las oí por primera vez; y que no se trataba de unas palabras dejadas caer descuidadamente, queda de manifiesto en la reiteración de la idea en ellas expresada. Las palabras son las siguientes: En el Colegio hay tres cosas importantes: lo primero, los padres; lo segundo, el profesorado; lo tercero, los alumnos. Hasta aquí sus palabras. Nosotros podemos añadir que padres, profesores y alumnos constituyen una comunidad dentro de la cual ocupan situaciones distintas.

Si los Colegios se fundan para educar a los chicos, ¿qué sentido tiene el que se diga que la primera preocupación han de ser los padres? Por lo pronto, esta primacía se presenta como una primacía en el orden temporal de las preocupaciones por la vida del Colegio. En este sentido resulta verdaderamente actual, yo diría profética, la visión del autor. Visión que responde a un doble pensamiento, ético y social.

En primer término porque la decisión de establecer un colegio o de elegir un colegio para enviar allí a los hijos corresponde al padre antes que a nadie, dado que, en virtud de la acción procreadora, mientras el hijo no pueda asumir la completa responsabilidad de su vida, ésta pertenece a los padres. Todo el problema de la subsidiariedad del Estado en orden a la actividad docente, está implicada en esta primacía que a los padres se les debe dar en al establecimiento de Colegios.

Pero hay también una realidad social que poco a poco se va poniendo de relieve. Hasta hace unos años el establecimiento y la organización de escuelas, de instituciones escolares en sus distintos grados, era algo así como el fruto de una preocupación de profesionales de la educación o de políticos de la cultura. Se vivió, quizá hasta los años 60, en la ingenua creencia de que los sistemas escolares, prescindiendo de las familias, podrían llevar la educación de la juventud. La rebeldía juvenil, alienante o comprometida, vino a sacudir la pereza comodona de los padres que creían haber cumplido su misión con buscar para su hijo «el mejor colegio».

En estos últimos años se nota una creciente tendencia de los padres a la intervención en los Colegios, y, paralelamente, en el orden técnico, se está poniendo de relieve que una innovación pedagógica no puede llevarse a cabo si no se cuenta con la aquiescencia previa de los padres. Quiere esto decir que, tengamos o no conciencia de ello, los padres son los primeros con que hay que contar para llevar adelante una educación eficaz. De esta idea surge como consecuencia, que cuando los padres no tienen plena conciencia —porque la vida y la educación son muy complicadas— de la posibilidad, conveniencia o necesidad de utilizar nuevos factores o nuevas técnicas en la educación, los primeros que han de ser informados para que tomen la decisión que estimen conveniente, son ellos, los padres.

A la luz de las precedentes reflexiones se ve que la primacía de los padres no es sólo cuestión de prioridad temporal, cronológica; es constante, dado que ellos son por Ley natural y divino positiva los educadores de sus hijos, y de hecho, el camino, el atajo, para llegar con hondura a la vida y la educación de los alumnos.

Pero esta primacía temporal que hemos señalado primero a los padres, segundo a los profesores, tiene su sentido en la estimulación de los alumnos. El colegio se funda para los alumnos. ¿Por qué entonces los últimos? Pienso que la contestación es sencilla: lo primero en la intención es lo último en la ejecución. Pudiéramos ordenar la actitud de padres, profesores y alumnos diciendo que la misión de los padres está en posibilitar la acción de los profesores, la misión de los profesores está en estimular el trabajo de los alumnos y el sentido del trabajo de los alumnos es su propia educación, su perfeccionamiento.

Por esta razón no es incompatible hablar de que son los padres, después los profesores y por último los alumnos y tener la conciencia bien clara de que en última instancia los protagonistas de la educación son los estudiantes.

No hemos de quedarnos con la idea parcial de que acción educativa es actividad en una sola dirección. En tanto que relación entre educadores y educandos, el acto educativo refluye en todos los que en él toman parte. Aceptado este supuesto, llegamos a la consecuencia que, aunque el colegio se funde o se instituya para la educación de los alumnos, no habrá verdadera educación si a su vez no se educan profesores y padres. Pienso que estas reflexiones bastan para desvelarnos la fecundidad del pensamiento de Monseñor Escrivá de Balaguer. Una comunidad en la que primero son los padres, después los profesores y después los alumnos y en la que la acción educativa realizada en función de los alumnos, revierte en los profesores y en los padres estableciéndose así una a modo de concausación en la que el perfeccionamiento personal de unos no llega a su acabamiento sino a través de la colaboración de todos.

En esta comunidad educativa tiene un particular significado una vieja virtud que Mons. Escrivá de Balaguer sitúa en la base de la relación entre los hombres; con mayor razón la pide a los padres, profesores y alumnos: la lealtad. Los hijos buscan un padre leal, contestaba Mons. Escrivá de Balaguer a un padre que preguntaba por el modo de establecer diálogo con los hijos. Sé leal con tus alumnos, decía a un profesor. La lealtad, recomendaba a un padre que preguntaba por la virtud que principalmente conviene enseñar a los hijos.

Un estilo educativo

Hasta aquí he hablado de las ideas y orientaciones pedagógicas de Monseñor Escrivá de Balaguer como si se tratara simplemente de un pensador. Bien raquítica sería la idea que tendríamos si olvidáramos que él realizó la unidad de vida que era como el eje de su enseñanza. Y llevándole al terreno pedagógico no podemos olvidar que junto a sus ideas, está su vida misma. Su vida misma de hombre de Dios, de sacerdote ocupado activamente en la salvación de los hombres y por lo mismo preocupado por su formación. Su obra de educador ahí está, en el millar de universitarios que ha llevado al sacerdocio, en las decenas de miles de personas que en todos los continentes se llaman hijos suyos, en los millones de hombres que han recibido la influencia de sus palabras y de sus escritos.

En verdad que esta obra maravillosa, impresionante, no la hubiera podido realizar si no hubiera contado con una especialísima gracia de Dios. Pero también fue menester su fidelidad ejemplar a esa gracia, poniendo su empeño, todas sus fuerzas, todo su trabajo, al servicio de su vocación. Y lo que había de esfuerzo y de trabajo era acción divina como participada de Dios, acción sacerdotal en sentido estricto, pero también acción humana hecha con sus recursos de hombre, y, si no nos dan miedo las palabras, acción educativa.

Se ha dicho con repetida frecuencia que el estilo es el hombre. De algún modo pudiéramos pensar que también Monseñor Escrivá de Balaguer tenía su propio estilo educativo. Tengo para mí que este estilo se pone relieve en las dos actividades que a mi modo de ver eran más queridas por él. La actividad personal, de amistad, de convivencia, de trato individual diferente para cada hombre, y esa otra catequesis a la que se dedicó especialmente en los últimos años, en la cual se realiza la maravilla de que siendo multitudinaria no pierde su carácter íntimo.

Muchos hemos participado, en los últimos años, de catequesis multitudinarias, en «reuniones» de cientos y aún miles de personas, en las que sabía promover y conservar el aire de familia, de intimidad y de conversación personal. Es cosa que no me explico sino por una gracia especial de Dios. Monseñor Escrivá de Balaguer toda su vida recomendó y practicó el apostolado de la amistad y la confidencia forma de relación la más opuesta a reuniones de grupos grandes. Cuando por el desarrollo de la labor apostólica era imposible que recibiera y hablara con todos y cada uno de los que querían verle, organizaron esas tertulias, en algunas de las cuales llegaron a reunir hasta cuatro o cinco mil personas. Lo extraordinario de esas reuniones es que jamás fueron reuniones de masas. Monseñor Escrivá de Balaguer no «sermoneaba»; pedía que le preguntaran porque, le gustaba advertir, estamos en una reunión de familia. Y realmente todos nos sentíamos «en familia». Pronto surgía una pregunta hecha por alguien que lo mismo podía ser una señora de ochenta años que un chico de quince, un casado con muchos hijos, una soltera, un obrero, un profesor, un artista de cine... La pregunta siempre surgía como un problema personal de quien la hacía. Monseñor Escrivá de Balaguer en su contestación, mantenía el contenido y el tono personal, íntimo se podría decir; y todos los que participaban en la reunión vivían el problema como propio, sintiéndose unidos en la misma preocupación y recibiendo la doctrina como si a cada uno en particular se refiriese.

Muchas de las orientaciones que para la educación ofrece Mons. Escrivá de Balaguer tienen un sabor tradicional, de cosas antiguas y entrañables que se vienen viviendo en las familias cristianas a través de los siglos. Pero se proyectan, como el pensamiento cristiano mismo, en el futuro de la humanidad.

Quisiera hacer referencia, por último, a tres de sus preocupaciones constantes ya mencionadas —la libertad, el trabajo y el amor— cuyas banderas nos hemos dejado arrebatar los cristianos de dos siglos a esta parte.

La libertad parece que la enarbolara por primera vez la Revolución francesa cuando hacía ya dieciocho siglos que el mismo Cristo había dicho «la Verdad os hará libres» y el Apóstol pedía a los cristianos que vivieran la libertad de los hijos de Dios. El trabajo parece igualmente que se hubiera tomado como bandera absolutizándolo con el pensamiento marxista cuando en el capítulo II del Génesis se habla de que Dios puso al hombre en el paraíso «para que trabajara», y durante treinta años Él mismo redimió a los hombres a través de su trabajo ordinario. En estos últimos años, merced a la influencia de Freud, se está animalizando el amor olvidándonos de que el Apóstol más joven dice de muchas maneras que «Dios es amor».

Devolver su sentido a la libertad, al trabajo y al amor, bien pudiera tomarse como brioso quehacer no de una persona ni de un grupo, sino de toda una generación que conscientemente asuma la actitud de rebeldía del que no quiere vivir como una bestia.

Vale la pena que abramos la mente a la dimensión universal de nuestro quehacer educativo. Podemos y debemos, ser conscientes de nuestra obligación de contribuir a la configuración de la sociedad futura, que ha empezado ya porque lo que se hace ahora es semilla de lo que ocurrirá después. Pero no debemos caer en la trampa que se esconde tras la retórica de las grandes actuaciones como si sólo contaran los gestos espectaculares. Nosotros construiremos el mundo únicamente si somos capaces de realizar bien nuestro trabajo, si hacemos con amor las cosas pequeñas, decía Mons. Escrivá de Balaguer, si somos fieles en la dedicación a nuestros hijos y a nuestros alumnos, si somos leales a la amistad de los que con nosotros conviven en una misma comunidad educativa, porque ese quehacer callado y esa amistad eficaz van entretejiendo los múltiples hilos del contenido real de la vida de la historia.

Publicado en NUESTRO TIEMPO, n. 264 (1976) pp. 683-700, y en LA PERSONALIDAD DEL BEATO JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, EUNSA, PAMPLONA 1994, pp. 82-100.

Víctor García Hoz:
Primer Doctor en Pedagogía de la universidad española. En 1944 ocupó la cátedra de Pedagogía Experimental y Diferencial en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid; posteriormente fue Director del Instituto de Pedagogía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Fue fundador y presidente de honor de la Sociedad Española de Pedagogía, y director de su revista, Bordón. Además, presidió el Seminario Permanente de Educación Personalizada y formó parte desde el inicio del Consejo de Administración de Fomento de Centros de Enseñanza. Asimismo, fue miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
Publicó cerca de medio centenar de libros, muchos de ellos traducidos a otros idiomas. Su obra más importante es el Tratado de educación personalizada (terminada en 1997), dividida en treinta y tres volúmenes y realizada en colaboración con profesores europeos y americanos.

"Acabar bien las tareas"


Textos escogidos de san Josemaría Escrivá que tratan el tema de la educación y la formación


Fuente: http://www.opusdei.es/sec.php?s=273 



La santidad está compuesta de heroísmos. –Por tanto, en el trabajo se nos pide el heroísmo de "acabar" bien las tareas que nos corresponden, día tras día, aunque se repitan las mismas ocupaciones. Si no, ¡no queremos ser santos! (Surco, 529)

26 de noviembre de 2000
Me has preguntado qué puedes ofrecer al Señor. –No necesito pensar mi respuesta: lo mismo de siempre, pero mejor acabado, con un remate de amor, que te lleve a pensar más en El y menos en ti. (Surco, 495)

Al reanudar tu tarea ordinaria, se te escapó como un grito de protesta: ¡siempre la misma cosa!

Y yo te dije: –sí, siempre la misma cosa. Pero esa tarea vulgar –igual que la que realizan tus compañeros de oficio– ha de ser para ti una continua oración, con las mismas palabras entrañables, pero cada día con música distinta.

Es misión muy nuestra transformar la prosa de esta vida en endecasílabos, en poesía heroica. (Surco, 500)

Pon en tu mesa de trabajo, en la habitación, en tu cartera..., una imagen de Nuestra Señora, y dirígele la mirada al comenzar tu tarea, mientras la realizas y al terminarla. Ella te alcanzará –¡te lo aseguro!– la fuerza para hacer, de tu ocupación, un diálogo amoroso con Dios. (Surco, 531)

Cuidar las cosas pequeñas
“Hacedlo todo por Amor. —Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. —La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo”. 
(Camino, 813)

22 de abril de 2002
Porque fuiste "in pauca fidelis" —fiel en lo poco—, entra en el gozo de tu Señor. —Son palabras de Cristo. —"In pauca fidelis!..." —¿Desdeñarás ahora las cosas pequeñas si se promete la gloria a quienes las guardan?

Camino, 819

¿Has visto cómo levantaron aquel edificio de grandeza imponente? —Un ladrillo, y otro. Miles. Pero, uno a uno. —Y sacos de cemento, uno a uno. Y sillares, que suponen poco, ante la mole del conjunto. —Y trozos de hierro. —Y obreros que trabajan, día a día, las mismas horas...

¿Viste cómo alzaron aquel edificio de grandeza imponente?... —¡A fuerza de cosas pequeñas!

Camino, 823

¿No has visto las lumbres de la mirada de Jesús cuando la pobre viuda deja en el templo su pequeña limosna? —Dale tú lo que puedas dar: no está el mérito en lo poco ni en lo mucho, sino en la voluntad con que lo des.

Camino, 829

Ante Dios, ninguna ocupación es por sí misma grande ni pequeña. Todo adquiere el valor del Amor con que se realiza.

Surco, 487

Las almas grandes tienen muy en cuenta las cosas pequeñas.

Camino, 818

Cada día un poco más —igual que al tallar una piedra o una madera—, hay que ir limando asperezas, quitando defectos de nuestra vida personal, con espíritu de penitencia, con pequeñas mortificaciones, que son de dos tipos: las activas —ésas que buscamos, como florecicas que recogemos a lo largo del día—, y las pasivas, que vienen de fuera y nos cuesta aceptarlas. Luego, Jesucristo va poniendo lo que falta.
—¡Qué Crucifijo tan estupendo vas a ser, si respondes con generosidad, con alegría, del todo!

Forja, 403

El que ama no pierde un detalle. Lo he visto en tantas almas: esas pequeñeces son una cosa muy grande: ¡Amor!

Forja, 443

No puedes comportarte como un niño revoltoso o como un loco.
—Has de ser persona recia, hijo de Dios; sereno en tu trabajo profesional y en tu vida de relación, con una presencia del Señor que te haga estar con perfección, hasta en los más pequeños detalles.

Forja, 501

Convertir el trabajo en oración


Textos escogidos de san Josemaría Escrivá que tratan el tema de la educación y la formación.


Fuente: http://www.fluvium.org/textos/lectura/lecturanP26.htm 


En el punto 738 de "Forja" el fundador del Opus Dei escribió: ´ Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos: personas que, en medio del fragor de la muchedumbre, sabemos encontrar el silencio del alma en coloquio permanente con el Señor´. Ofrecemos también un video en el que fundador del Opus Dei responde a una pregunta que le hicieron en Argentina en 1974: ¿Cómo podemos santificar el trabajo? 

Hijos míos, allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres. 
Conversaciones, 113

Hacedlo todo por Amor. —Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. —La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo. 
Camino, 813

Sigue en el cumplimiento exacto de las obligaciones de ahora. —Ese trabajo —humilde, monótono, pequeño— es oración cuajada en obras que te disponen a recibir la gracia de la otra labor —grande, ancha y honda— con que sueñas.
Camino, 825

Somos nosotros hombres de la calle, cristianos corrientes, metidos en el torrente circulatorio de la sociedad, y el Señor nos quiere santos, apostólicos, precisamente en medio de nuestro trabajo profesional, es decir, santificándonos en esa tarea, santificando esa tarea y ayudando a que los demás se santifiquen con esa tarea. Convenceos de que en ese ambiente os espera Dios, con solicitud de Padre, de Amigo; y pensad que con vuestro quehacer profesional realizado con responsabilidad, además de sosteneros económicamente, prestáis un servicio directísimo al desarrollo de la sociedad, aliviáis también las cargas de los demás y mantenéis tantas obras asistenciales —a nivel local y universal— en pro de los individuos y de los pueblos menos favorecidos. 
Amigos de Dios, 120

No lo debemos olvidar: en todas las actividades humanas, tiene que haber hombres y mujeres con la Cruz de Cristo en sus vidas y en sus obras, alzada, visible, reparadora; símbolo de la paz, de la alegría; símbolo de la Redención, de la unidad del género humano, del amor que Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, la Trinidad Beatísima ha tenido y sigue teniendo a la humanidad. 
Surco, 985

Nunca compartiré la opinión —aunque la respeto— de los que separan la oración de la vida activa, como si fueran incompatibles. 
Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos: personas que, en medio del fragor de la muchedumbre, sabemos encontrar el silencio del alma en coloquio permanente con el Señor: y mirarle como se mira a un Padre, como se mira a un Amigo, al que se quiere con locura. 
Forja, 738

En nuestra conducta ordinaria, necesitamos una virtud muy superior a la del legendario rey Midas: él convertía en oro todo cuanto tocaba. 

—Nosotros hemos de convertir —por el amor— el trabajo humano de nuestra jornada habitual, en obra de Dios, con alcance eterno. 
Forja, 742

Un secreto. —Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. 
—Dios quiere un puñado de hombres "suyos" en cada actividad humana. —Después... "pax Christi in regno Christi" —la paz de Cristo en el reino de Cristo. 
Camino, 301

Cristianos verdaderos, hombres y mujeres íntegros

Textos escogidos de san Josemaría Escrivá que tratan el tema de la educación y la formación.


Por: San Josemaría Escrivá | Fuente: http://www.opusdei.es/art.php?p=11273 



San Josemaría anima en sus escritos a ser buenos ciudadanos y buenos cristianos. “Que ejerzáis –¡a diario!, no sólo en situaciones de emergencia– vuestros derechos; (...) y que cumpláis noblemente vuestras obligaciones como ciudadanos”, explica.

08 de noviembre de 2005
La libertad personal es esencial en la vida cristiana. Pero no olvidéis, hijos míos, que hablo siempre de una libertad responsable. Interpretad, pues, mis palabras, como lo que son: una llamada a que ejerzáis –¡a diario!, no sólo en situaciones de emergencia– vuestros derechos; y a que cumpláis noblemente vuestras obligaciones como ciudadanos –en la vida política, en la vida económica, en la vida universitaria, en la vida profesional–, asumiendo con valentía todas las consecuencias de vuestras decisiones libres, cargando con la independencia personal que os corresponde. (Conversaciones, 117)

Observa todos tus deberes cívicos, sin querer sustraerte al cumplimiento de ninguna obligación; y ejercita todos tus derechos, en bien de la colectividad, sin exceptuar imprudentemente ninguno. –También has de dar ahí testimonio cristiano. (Forja, 697)

El hombre que tiene fe y ejerce una profesión intelectual, técnica o manual, es y se siente unido a los demás, igual a los demás, con los mismos derechos y obligaciones, con el mismo deseo de mejorar, con el mismo afán de enfrentarse con los problemas comunes y de encontrarles solución. (Es Cristo que pasa, 53)

Es difícil gritar al oído de cada uno con un trabajo silencioso, a través del buen cumplimiento de nuestras obligaciones de ciudadanos, para luego exigir nuestros derechos y ponerlos al servicio de la Iglesia y de la sociedad. Es difícil..., pero es muy eficaz. (Surco, 300)

Si tuviera que dar un consejo a los padres, les daría sobre todo éste: que vuestros hijos vean –lo ven todo desde niños, y lo juzgan: no os hagáis ilusiones– que procuráis vivir de acuerdo con vuestra fe, que Dios no está sólo en vuestros labios, que está en vuestras obras; que os esforzáis por ser sinceros y leales, que os queréis y que los queréis de veras. Es así como mejor contribuiréis a hacer de ellos cristianos verdaderos, hombres y mujeres íntegros capaces de afrontar con espíritu abierto las situaciones que la vida les depare, de servir a sus conciudadanos y de contribuir a la solución de los grandes problemas de la humanidad, de llevar el testimonio de Cristo donde se encuentren más tarde, en la sociedad. (Es Cristo que pasa, 28)

“Estás obligado a dar ejemplo”
Necesitas vida interior y formación doctrinal. ¡Exígete! –Tú –caballero cristiano, mujer cristiana– has de ser sal de la tierra y luz del mundo, porque estás obligado a dar ejemplo con una santa desvergüenza. –Te ha de urgir la caridad de Cristo y, al sentirte y saberte otro Cristo desde el momento en que le has dicho que le sigues, no te separarás de tus iguales –tus parientes, tus amigos, tus colegas–, lo mismo que no se separa la sal del alimento que condimenta. Tu vida interior y tu formación comprenden la piedad y el criterio que ha de tener un hijo de Dios, para sazonarlo todo con su presencia activa. Pide al Señor que siempre seas ese buen condimento en la vida de los demás. (Forja, 450)

07 de julio de 2000
Mirad que el Señor suspira por conducirnos a pasos maravillosos, divinos y humanos, que se traducen en una abnegación feliz, de alegría con dolor, de olvido de sí mismo. Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo. Un consejo que hemos escuchado todos. Hemos de decidirnos a seguirlo de verdad: que el Señor pueda servirse de nosotros para que, metidos en todas las encrucijadas del mundo -estando nosotros metidos en Dios-, seamos sal, levadura, luz. Tú, en Dios, para iluminar, para dar sabor, para acrecentar, para fermentar.

Pero no me olvides que no creamos nosotros esa luz: únicamente la reflejamos. No somos nosotros los que salvamos las almas, empujándolas a obrar el bien: somos tan sólo un instrumento, más o menos digno, para los designios salvadores de Dios. Si alguna vez pensásemos que el bien que hacemos es obra nuestra, volvería la soberbia, aún más retorcida; la sal perdería el sabor, la levadura se pudriría, la luz se convertiría en tinieblas. (Amigos de Dios, 250)

El estudio


Textos escogidos de san Josemaría Escrivá que tratan el tema de la educación y la formación.


Por: San Josemaría Escrivá | Fuente: http://www.fluvium.org/textos/lectura/lecturanP26.htm 



"Una hora de estudio, para un apóstol moderno, es una hora de oración". (San Josemaría Escrivá de Balaguer,Camino, 335).


20 de septiembre de 2005
La vida de oración y de penitencia, y la consideración de nuestra filiación divina, nos transforman en cristianos profundamente piadosos, como niños pequeños delante de Dios. La piedad es la virtud de los hijos y para que el hijo pueda confiarse en los brazos de su padre, ha de ser y sentirse pequeño, necesitado. Frecuentemente he meditado esa vida de infancia espiritual, que no está reñida con la fortaleza, porque exige una voluntad recia, una madurez templada, un carácter firme y abierto.

Piadosos, pues, como niños: pero no ignorantes, porque cada uno ha de esforzarse, en la medida de sus posibilidades, en el estudio serio, científico, de la fe; y todo esto es la teología. Piedad de niños, por tanto, y doctrina segura de teólogos.

El afán por adquirir esta ciencia teológica —la buena y firme doctrina cristiana— está movido, en primer término, por el deseo de conocer y amar a Dios. A la vez, es también consecuencia de la preocupación general del alma fiel por alcanzar la más profunda significación de este mundo, que es hechura del Creador. Con periódica monotonía, algunos tratan de resucitar una supuesta incompatibilidad entre la fe y la ciencia, entre la inteligencia humana y la Revelación divina. Esa incompatibilidad sólo puede aparecer, y aparentemente, cuando no se entienden los términos reales del problema.

Si el mundo ha salido de las manos de Dios, si El ha creado al hombre a su imagen y semejanza y le ha dado una chispa de su luz, el trabajo de la inteligencia debe —aunque sea con un duro trabajo— desentrañar el sentido divino que ya naturalmente tienen todas las cosas; y con la luz de la fe, percibimos también su sentido sobrenatural, el que resulta de nuestra elevación al orden de la gracia. No podemos admitir el miedo a la ciencia, porque cualquier labor, si es verdaderamente científica, tiende a la verdad. Y Cristo dijo: Ego sum veritas. Yo soy la verdad.

El cristiano ha de tener hambre de saber. Desde el cultivo de los saberes más abstractos hasta las habilidades artesanas, todo puede y debe conducir a Dios. Porque no hay tarea humana que no sea santificable, motivo para la propia santificación y ocasión para colaborar con Dios en la santificación de los que nos rodean. La luz de los seguidores de Jesucristo no ha de estar en el fondo del valle, sino en la cumbre de la montaña, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo.

Trabajar así es oración. Estudiar así es oración. Investigar así es oración. No salimos nunca de lo mismo: todo es oración, todo puede y debe llevarnos a Dios, alimentar ese trato continuo con El, de la mañana a la noche. Todo trabajo honrado puede ser oración; y todo trabajo, que es oración, es apostolado. De este modo el alma se enrecia en una unidad de vida sencilla y fuerte.
Es Cristo que pasa, 10

Es necesario estudiar... Pero no es suficiente.
¿Qué se conseguirá de quien se mata por alimentar su egoísmo, o del que no persigue otro objetivo que el de asegurarse la tranquilidad, para dentro de unos años?
Hay que estudiar..., para ganar el mundo y conquistarlo para Dios. Entonces, elevaremos el plano de nuestro esfuerzo, procurando que la labor realizada se convierta en encuentro con el Señor, y sirva de base a los demás, a los que seguirán nuestro camino...
-De este modo, el estudio será oración. 
Surco, 526

Tienes un caballo de batalla que se llama estudio: te propones mil veces aprovechar el tiempo y, sin embargo, te distrae cualquier cosa. A veces te cansas de ti mismo, por la escasa voluntad que muestras; aunque todos los días recomienzas de nuevo. ¿Has probado a ofrecer tu estudio por intenciones apostólicas concretas?
Surco, 523

El ideal es, sobre todo, la realidad del trabajo bien hecho, la preparación científica adecuada durante los años universitarios. Con esta base, hay miles de lugares en el mundo que necesitan brazos, que esperan una tarea personal, dura y sacrificada. La Universidad no debe formar hombres que luego consuman egoístamente los beneficios alcanzados con sus estudios, debe prepararles para una tarea de generosa ayuda al prójimo, de fraternidad cristiana. 
Conversaciones, 75

“Estudiante: fórmate en una piedad sólida y activa, destaca en el estudio, siente anhelos firmes de apostolado profesional. —Y yo te prometo, con ese vigor de tu formación religiosa y científica, prontas y dilatadas expansiones. ” (Camino, 346)

03 de junio de 2002
Oras, te mortificas, trabajas en mil cosas de apostolado..., pero no estudias. —No sirves entonces si no cambias.
El estudio, la formación profesional que sea, es obligación grave entre nosotros. 

Camino, 334

Una hora de estudio, para un apóstol moderno, es una hora de oración. 

Camino, 335

Tienes un caballo de batalla que se llama estudio: te propones mil veces aprovechar el tiempo y, sin embargo, te distrae cualquier cosa. A veces te cansas de ti mismo, por la escasa voluntad que muestras; aunque todos los días recomienzas de nuevo.
¿Has probado a ofrecer tu estudio por intenciones apostólicas concretas? 

Surco, 523

Cuando tu voluntad flaquee ante el trabajo habitual, recuerda una vez más aquella consideración: "el estudio, el trabajo, es parte esencial de mi camino. El descrédito profesional —consecuencia de la pereza— anularía o haría imposible mi labor de cristiano. Necesito —así lo quiere Dios— el ascendiente del prestigio profesional, para atraer y ayudar a los demás".
—No lo dudes: si abandonas tu tarea, ¡te apartas —y apartas a otros— de los planes divinos! 

Surco, 781

Es necesario estudiar... Pero no es suficiente.
¿Qué se conseguirá de quien se mata por alimentar su egoísmo, o del que no persigue otro objetivo que el de asegurarse la tranquilidad, para dentro de unos años?
Hay que estudiar..., para ganar el mundo y conquistarlo para Dios. Entonces, elevaremos el plano de nuestro esfuerzo, procurando que la labor realizada se convierta en encuentro con el Señor, y sirva de base a los demás, a los que seguirán nuestro camino...
—De este modo, el estudio será oración. 

Surco, 526

Convéncete: tu apostolado consiste en difundir bondad, luz, entusiasmo, generosidad, espíritu de sacrificio, constancia en el trabajo, profundidad en el estudio, amplitud en la entrega, estar al día, obediencia absoluta y alegre a la Iglesia, caridad perfecta...
—Nadie da lo que no tiene. 

Surco, 927

«Sancta Maria, Sedes Sapientiæ» —Santa María, Asiento de la Sabiduría. —Invoca con frecuencia de este modo a Nuestra Madre, para que Ella llene a sus hijos, en su estudio, en su trabajo, en su convivencia, de la Verdad que Cristo nos ha traído. 

Surco, 607

La educación y la responsabilidad civil


Textos escogidos de san Josemaría Escrivá que tratan el tema de la educación y la formación.


Por: San Josemaría Escrivá | Fuente: http://www.fluvium.org/textos/lectura/lecturanP52.htm 



«Un hombre o una sociedad que no reaccione ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se esfuerce por aliviarlas, no son un hombre o una sociedad a la medida del amor del Corazón de Cristo» (San Josemaría, Es Cristo que pasa, 167).s.

Poner en práctica el mandamiento nuevo del amor
"Se comprende muy bien la impaciencia, la angustia, los deseos inquietos de quienes, con un alma naturalmente cristiana (cfr. Tertuliano, Apologeticum, 17 —PL 1, 375—), no se resignan ante la injusticia personal y social que puede crear el corazón humano. Tantos siglos de convivencia entre los hombres y, todavía, tanto odio, tanta destrucción, tanto fanatismo acumulado en ojos que no quieren ver y en corazones que no quieren amar". 

"Los bienes de la tierra, repartidos entre unos pocos; los bienes de la cultura, encerrados en cenáculos. Y, fuera, hambre de pan y de sabiduría, vidas humanas que son santas, porque vienen de Dios, tratadas como simples cosas, como números de una estadística. Comprendo y comparto esa impaciencia, que me impulsa a mirar a Cristo, que continúa invitándonos a que pongamos en práctica ese mandamiento nuevo del amor".
Es Cristo que pasa, 111 

Una sociedad a la medida del amor del Corazón de Cristo
"Un hombre o una sociedad que no reaccione ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se esfuerce por aliviarlas, no son un hombre o una sociedad a la medida del amor del Corazón de Cristo. Los cristianos -conservando siempre la más amplia libertad a la hora de estudiar y de llevar a la práctica las diversas soluciones y, por tanto, con un lógico pluralismo—, han de coincidir en el idéntico afán de servir a la humanidad. De otro modo, su cristianismo no será la Palabra y la Vida de Jesús: será un disfraz, un engaño de cara a Dios y de cara a los hombres". 
Es Cristo que pasa, 167

Una raza, una lengua, un color 
"Nuestro Señor ha venido a traer la paz, la buena nueva, la vida, a todos los hombres. No sólo a los ricos, ni sólo a los pobres. No sólo a los sabios, ni sólo a los ingenuos. A todos. A los hermanos, que hermanos somos, pues somos hijos de un mismo Padre Dios. No hay, pues, más que una raza: la raza de los hijos de Dios. No hay más que un color: el color de los hijos de Dios. Y no hay más que una lengua: ésa que habla al corazón y a la cabeza, sin ruido de palabras, pero dándonos a conocer a Dios y haciendo que nos amemos los unos a los otros". 
Es Cristo que pasa, 106 

Nuestra vida es un servicio 
"Toda nuestra vida es eso, hijas e hijos míos, un servicio de metas exclusivamente sobrenaturales, porque el Opus Dei no es ni será nunca —ni podrá serlo— un instrumento temporal; pero es al mismo tiempo un servicio humano, porque no hacéis más que tratar de lograr la perfección cristiana en el mundo, limpiamente, con vuestra libérrima y responsable actuación en todos los campos de la actividad ciudadana. Un servicio abnegado, que no envilece, sino que educa, que agranda el corazón —lo hace más romano, en el sentido más alto de esta palabra— y lleva a buscar el honor y el bien de las gentes de cada país: para que haya cada día menos pobres, menos ignorantes, menos almas sin fe, menos desesperados, menos guerras, menos inseguridad, más caridad y más paz".
En El Opus Dei en la Iglesia, p. 178 

Donde hay pobreza, tristeza y dolor 
"El Opus Dei» ha de estar presente «donde hay pobreza, donde hay falta de trabajo, donde hay tristeza, donde hay dolor, para que el dolor se lleve con alegría, para que la pobreza desaparezca, para que no falte trabajo —porque formamos a la gente de manera que lo pueda tener—, para que metamos a Cristo en la vida de cada uno, en la medida en que quiera, porque somos muy amigos de la libertad". 

En Una mirada hacia el futuro desde el corazón de Vallecas, Madrid, 1998, p. 135. Palabras del 1-X-1967

Lo extraordinario de la vida ordinaria


Textos escogidos de san Josemaría Escrivá que tratan el tema de la educación y la formación.


Por: San Josemaría Escrivá | Fuente: http://www.fluvium.org/textos/lectura/lecturanP30.htm 


"Insisto: en la sencillez de tu labor ordinaria", escribió san Josemaría, "en los detalles monótonos de cada día, has de descubrir el secreto —para tantos escondido— de la grandeza y de la novedad: el Amor". (Surco, 489) 

Las obras del Amor son siempre grandes, aunque se trate de cosas pequeñas en apariencia. Dios se ha acercado a los hombres, pobres criaturas, y nos ha dicho que nos ama: Deliciæ meæ esse cum filiis hominum , mis delicias son estar entre los hijos de los hombres. El Señor nos da a conocer que todo tiene importancia: las acciones que, con ojos humanos, consideramos extraordinarias; esas otras que, en cambio, calificamos de poca categoría. Nada se pierde. Ningún hombre es despreciado por Dios. Todos, siguiendo cada uno su propia vocación —en su hogar, en su profesión u oficio, en el cumplimiento de las obligaciones que le corresponden por su estado, en sus deberes de ciudadano, en el ejercicio de sus derechos—, estamos llamados a participar del reino de los cielos. 
Es Cristo que pasa, 44, 1 

¿Cuántas madres has conocido tú como protagonistas de un acto heroico, extraordinario? Pocas, muy pocas. Y, sin embargo, madres heroicas, verdaderamente heroicas, que no aparecen como figuras de nada espectacular, que nunca serán noticia —como se dice—, tú y yo conocemos muchas: viven negándose a toda hora, recortando con alegría sus propios gustos y aficiones, su tiempo, sus posibilidades de afirmación o de éxito, para alfombrar de felicidad los días de sus hijos. 
Amigos de Dios, 134, 2 

¿Has visto cómo levantaron aquel edificio de grandeza imponente? —Un ladrillo, y otro. Miles. Pero, uno a uno. —Y sacos de cemento, uno a uno. Y sillares, que suponen poco, ante la mole del conjunto. —Y trozos de hierro. —Y obreros que trabajan, día a día, las mismas horas... 
¿Viste cómo alzaron aquel edificio de grandeza imponente?... —¡ A fuerza de cosas pequeñas! 
Camino, 823 

Me escribía aquel muchachote: "mi ideal es tan grande que no cabe más que en el mar". —Le contesté: ¿y el Sagrario, tan "pequeño"?; ¿y el taller "vulgar" de Nazaret? 

—¡En la grandeza de lo ordinario nos espera El! 
Surco, 486 

Insisto: en la sencillez de tu labor ordinaria, en los detalles monótonos de cada día, has de descubrir el secreto —para tantos escondido— de la grandeza y de la novedad: el Amor. 
Surco, 489 

"Oyendo esto —que ha venido a la tierra el Rey—, Herodes se turbó, y con él toda Jerusalén". 

¡Es la vida cotidiana! Esto mismo sucede ahora: ante la grandeza de Dios, que se manifiesta de mil modos, no faltan personas —incluso constituidas en autoridad— que se turban. Porque... no aman del todo a Dios; porque no son personas que desean encontrarle de veras; porque no quieren seguir sus inspiraciones, y se hacen obstáculo en el camino divino. 

—Estáte prevenido, sigue trabajando, no te preocupes, busca al Señor, reza..., y El triunfará. 
Forja, 248

La santidad es para todos 


El beato Josemaría escribió en “Surco” que la santidad personal es el remedio de todo. ´Por eso los santos han estado llenos de paz, de fortaleza, de alegría, de seguridad...` (“Surco”, 653). A continuación, ofrecemos unos textos sobre este tema. 

¿Santo, sin oración?... —No creo en esa santidad. 
Camino, 107 

La santidad "grande" está en cumplir los "deberes pequeños" de cada instante. 
Camino, 817 

La santidad está compuesta de heroísmos. —Por tanto, en el trabajo se nos pide el heroísmo de "acabar" bien las tareas que nos corresponden, día tras día, aunque se repitan las mismas ocupaciones. Si no, ¡no queremos ser santos! 
Surco, 529 

La santidad, el verdadero afán por alcanzarla, no se toma pausas ni vacaciones. 
Surco, 129 

La santidad está en la lucha, en saber que tenemos defectos y en tratar heroicamente de evitarlos. 

La santidad —insisto— está en superar esos defectos..., pero nos moriremos con defectos: si no, ya te lo he dicho, seríamos unos soberbios. 
Forja, 312 

Las tareas profesionales —también el trabajo del hogar es una profesión de primer orden— son testimonio de la dignidad de la criatura humana; ocasión de desarrollo de la propia personalidad; vínculo de unión con los demás; fuente de recursos; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que vivimos, y de fomentar el progreso de la humanidad entera... 
—Para un cristiano, estas perspectivas se alargan y se amplían aún más, porque el trabajo —asumido por Cristo como realidad redimida y redentora— se convierte en medio y en camino de santidad, en concreta tarea santificable y santificadora. 
Forja, 702 

¡Todo por Amor! Este es el camino de la santidad, de la felicidad. 

Afronta con este punto de mira tus tareas intelectuales, las ocupaciones más altas del espíritu y las cosas más a ras de tierra, ésas que necesariamente hemos de cumplir todos, y vivirás alegre y con paz. 

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♥Consagración a la Virgen María

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CONSAGRACIÓN DEL MATRIMONIO AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

CONSAGRACIÓN DEL MATRIMONIO AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA
"Oh, Corazón Inmaculado de María, refugio seguro de nosotros pecadores y ancla firme de salvación, a Ti queremos hoy consagrar nuestro matrimonio. En estos tiempos de gran batalla espiritual entre los valores familiares auténticos y la mentalidad permisiva del mundo, te pedimos que Tu, Madre y Maestra, nos muestres el camino verdadero del amor, del compromiso, de la fidelidad, del sacrificio y del servicio. Te pedimos que hoy, al consagrarnos a Ti, nos recibas en tu Corazón, nos refugies en tu manto virginal, nos protejas con tus brazos maternales y nos lleves por camino seguro hacia el Corazón de tu Hijo, Jesús. Tu que eres la Madre de Cristo, te pedimos nos formes y moldees, para que ambos seamos imágenes vivientes de Jesús en nuestra familia, en la Iglesia y en el mundo. Tu que eres Virgen y Madre, derrama sobre nosotros el espíritu de pureza de corazón, de mente y de cuerpo. Tu que eres nuestra Madre espiritual, ayúdanos a crecer en la vida de la gracia y de la santidad, y no permitas que caigamos en pecado mortal o que desperdiciemos las gracias ganadas por tu Hijo en la Cruz. Tu que eres Maestra de las almas, enséñanos a ser dóciles como Tu, para acoger con obediencia y agradecimiento toda la Verdad revelada por Cristo en su Palabra y en la Iglesia. Tu que eres Mediadora de las gracias, se el canal seguro por el cual nosotros recibamos las gracias de conversión, de amor, de paz, de comunicación, de unidad y comprensión. Tu que eres Intercesora ante tu Hijo, mantén tu mirada misericordiosa sobre nosotros, y acércate siempre a tu Hijo, implorando como en Caná, por el milagro del vino que nos hace falta. Tu que eres Corredentora, enséñanos a ser fieles, el uno al otro, en los momentos de sufrimiento y de cruz. Que no busquemos cada uno nuestro propio bienestar, sino el bien del otro. Que nos mantengamos fieles al compromiso adquirido ante Dios, y que los sacrificios y luchas sepamos vivirlos en unión a tu Hijo Crucificado. En virtud de la unión del Inmaculado Corazón de María con el Sagrado Corazón de Jesús, pedimos que nuestro matrimonio sea fortalecido en la unidad, en el amor, en la responsabilidad a nuestros deberes, en la entrega generosa del uno al otro y a los hijos que el Señor nos envíe. Que nuestro hogar sea un santuario doméstico donde oremos juntos y nos comuniquemos con alegría y entusiasmo. Que siempre nuestra relación sea, ante todos, un signo visible del amor y la fidelidad. Te pedimos, Oh Madre, que en virtud de esta consagración, nuestro matrimonio sea protegido de todo mal espiritual, físico o material. Que tu Corazón Inmaculado reine en nuestro hogar para que así Jesucristo sea amado y obedecido en nuestra familia. Qué sostenidos por Su amor y Su gracia nos dispongamos a construir, día a día, la civilización del amor: el Reinado de los Dos Corazones. Amén. -Madre Adela Galindo, Fundadora SCTJM

CONSAGRACIÓN DEL MATRIMONIO A LOS DOS CORAZONES EN SU RENOVACIÓN DE VOTOS

CONSAGRACIÓN DEL MATRIMONIO A LOS DOS CORAZONES EN SU RENOVACIÓN DE VOTOS
Oh Corazones de Jesús y María, cuya perfecta unidad y comunión ha sido definida como una alianza, término que es también característico del sacramento del matrimonio, por que conlleva una constante reciprocidad en el amor y en la dedicación total del uno al otro. Es la alianza de Sus Corazones la que nos revela la identidad y misión fundamental del matrimonio y la familia: ser una comunidad de amor y vida. Hoy queremos dar gracias a los Corazones de Jesús y María, ante todo, por que en ellos hemos encontrado la realización plena de nuestra vocación matrimonial y por que dentro de Sus Corazones, hemos aprendido las virtudes de la caridad ardiente, de la fidelidad y permanencia, de la abnegación y búsqueda del bien del otro. También damos gracias por que en los Corazones de Jesús y María hemos encontrado nuestro refugio seguro ante los peligros de estos tiempos en que las dos grandes culturas la del egoísmo y de la muerte, quieren ahogar como fuerte diluvio la vida matrimonial y familiar. Hoy deseamos renovar nuestros votos matrimoniales dentro de los Corazones de Jesús y María, para que dentro de sus Corazones permanezcamos siempre unidos en el amor que es mas fuerte que la muerte y en la fidelidad que es capaz de mantenerse firme en los momentos de prueba. Deseamos consagrar los años pasados, para que el Señor reciba como ofrenda de amor todo lo que en ellos ha sido manifestación de amor, de entrega, servicio y sacrificio incondicional. Queremos también ofrecer reparación por lo que no hayamos vivido como expresión sublime de nuestro sacramento. Consagramos el presente, para que sea una oportunidad de gracia y santificación de nuestras vidas personales, de nuestro matrimonio y de la vida de toda nuestra familia. Que sepamos hoy escuchar los designios de los Corazones de Jesús y María, y respondamos con generosidad y prontitud a todo lo que Ellos nos indiquen y deseen hacer con nosotros. Que hoy nos dispongamos, por el fruto de esta consagración a construir la civilización del amor y la vida. Consagramos los años venideros, para que atentos a Sus designios de amor y misericordia, nos dispongamos a vivir cada momento dentro de los Corazones de Jesús y María, manifestando entre nosotros y a los demás, sus virtudes, disposiciones internas y externas. Consagramos todas las alegrías y las tristezas, las pruebas y los gozos, todo ofrecido en reparación y consolación a Sus Corazones. Consagramos toda nuestra familia para que sea un santuario doméstico de los Dos Corazones, en donde se viva en oración, comunión, comunicación, generosidad y fidelidad en el sufrimiento. Que los Corazones de Jesús y María nos protejan de todo mal espiritual, físico o material. Que los Dos Corazones reinen en nuestro matrimonio y en nuestra familia, para que Ellos sean los que dirijan nuestros corazones y vivamos así, cada día, construyendo el reinado de sus Corazones: la civilización del amor y la vida. Amén! Nombre de esposos______________________________ Fecha________________________ -Madre Adela Galindo, Fundadora SCTJM

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